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El comercio justo

Efectos del comercio justo

Los efectos positivos del comercio justo son reales y fácilmente comprobables. Sin embargo, los resultados difieren de una situación a otra. Cada organización de productores tiene una configuración única, dentro de una situación única, en un contexto único. Para unos, el precio de venta más alto será determinante, para otros el acceso al crédito cambiará la situación. Sin embargo, para otros lo que provocará el cambio es la posibilidad de desarrollar un nuevo cultivo, el acceso a una innovación técnica o bien la posibilidad de cooperar con un importador "de comercio justo" para transformar la producción in situ.
Los efectos del "comercio justo" en la vida de los agricultores van por lo tanto mucho más allá del beneficio que aporta un mejor precio de venta; estos efectos también son económicos, sociales y medioambientales.

Consecuencias económicas

Un mejor precio de venta es para los productores una ganancia inmediata, fácil de contabilizar. Según el principio del "precio mínimo garantizado", la diferencia entre los precios pagados a los productores de "comercio justo" y los marcados por el comercio convencional es considerable cuando las cotizaciones internacionales son bajas y es menor cuando las cotizaciones son elevadas. El café es un buen ejemplo de estas diferencias. Las cotizaciones internacionales del café han experimentado una crisis sin precedente entre 2000 y 2005. En la bolsa de Nueva York los precios bajaron hasta los 50 céntimos /libra y no superaron los 75 céntimos /libra. Estaban por lo tanto muy por debajo de los costes de producción que, evaluados de manera ajustada, estaban entre 90 y 100 céntimos /libra. A lo largo de este periodo, 25 millones de productores de café se hundieron en la pobreza y las familias campesinas abandonaron las plantaciones para buscar otros modos de vida.

No obstante, durante todo este tiempo, los importadores de "comercio justo" continuaron pagando el café verde a 124 céntimos /libra, es decir al doble del precio del mercado. En las regiones cafeteras de América Latina, el mercado estaba tan hundido que los intermediarios locales a menudo solo pagaban a los productores 25 ó 30 céntimos por el café pergamino. Ahora bien, las cooperativas que tenían la suerte de vender una gran cantidad de la producción en los circuitos del "comercio justo" conseguían comprar el café pergamino a sus miembros a un precio que rondaba los 100 céntimos /libra, es decir cuatro veces más que el precio que se pagaba allí. En estas regiones el "comercio justo" generó efectos espectaculares: permitió que las familias de los pequeños productores se quedaran en sus tierras, aseguró la conservación de las plantaciones y en ciertos casos, mejoró la calidad de la producción.

Efectos del comercio justo Cuando las cotizaciones internacionales suben, el "precio del comercio justo" sigue el precio del mercado, al cual se añade la "prima de desarrollo" (más o menos un 10% según los sectores). O sea que la diferencia entre el "comercio justo" y el comercio convencional se reduce, pero siempre sigue siendo significativa. Las organizaciones de productores venden productos de calidad, seleccionados y garantizados por un pliego de condiciones. Venden directamente a los importadores sin pasar por la red habitual de intermediarios locales. Al final, la experiencia demuestra que el precio pagado a los productores de las organizaciones campesinas vinculadas al "comercio justo" siempre es como mínimo el 20% superior al precio pagado por los agentes del mercado convencional.

Otra ventaja: cuando las cooperativas de las redes de "comercio justo" compran la producción de sus miembros a un precio remunerador, esta oferta genera un efecto dominó en los precios propuestos por el resto de recolectores locales. Para hacerse con el café, estos últimos se ven obligados a aumentar las ofertas de compra, alzas que se repercuten en los precios de venta del mercado internacional. De este modo, el "comercio justo" provoca un efecto benéfico para todos los productores de una zona.

Los efectos económicos positivos del "comercio justo" no se limitan a la mejora de los ingresos de los pequeños productores; gracias a la estabilidad de los precios, las familias pueden planear inversiones y afrontar riesgos, lo que modifica radicalmente la situación tradicional. La experiencia de las organizaciones de productores coincide con los resultados de los estudios de microeconomía de los investigadores: la estabilidad del precio de venta de las cosechas es un factor más importante para la viabilidad de la pequeña agricultura familiar que un precio de venta elevado pero aleatorio.

Las acciones de formación y de acompañamiento técnico que sacan adelante las cooperativas también desempeñan una función determinante; sobretodo en un momento en que los Estados se desentienden de las políticas de apoyo al desarrollo rural, como se puede comprobar en todos los continentes desde hace unos veinte años. Los productores de cacao de la República Dominicana, por ejemplo, pretenden valorizar las variedades antiguas que proporcionan chocolates de gran calidad. Han desarrollado sistemas agroforestales que han aumentado el rendimiento, al mismo tiempo que se preserva la biodiversidad. Nuevos procesos de transformación postcosecha y un estricto control de la fermentación permiten obtener un producto de primera calidad, sin comparación posible con el que se comercializaba anteriormente. La elaboración de pliegos de condiciones específicos, el control del respeto de las reglas impuestas y el precio de incentivo pagado a los productores bastan para asegurar a largo plazo unos mejores ingresos para todos los productores. La mejora de la imagen del cacao dominicano en los mercados internacionales (y por consiguiente del precio) se debe básicamente a la organización de los productores CONACADO.

Efectos del comercio justo La "prefinanciación de las cosechas" es una peculiaridad original de las cooperativas de "comercio justo" que a menudo explica los resultados positivos. Las familias campesinas cuyos ingresos monetarios dependen de una cosecha anual de café o cacao sufren desde siempre la fluctuación estacional de su tesorería. Cuando falta poco para la nueva cosecha, ya no tienen suficiente dinero para hacer frente a los gastos de la vida cotidiana y a la financiación de la próxima cosecha. Entonces, o bien los pequeños productores empeñan la producción a un precio irrisorio, o bien piden dinero prestado a un usurero. Cuando la cooperativa es capaz de conceder créditos (de hecho, se trata de un simple anticipo sobre la cosecha que está a punto de recogerse) la economía de la familia se transforma totalmente: la dependencia y el endeudamiento quedan sustituidos por un ciclo virtuoso de capitalización.

Numerosas cooperativas de "comercio justo" consiguen implantar sistemas de crédito utilizados en inversiones para equipamientos necesarios para la producción o la transformación de productos agrícolas. El riesgo es menor para una cooperativa que para un banco clásico ya que tiene la posibilidad, en el momento de la comercialización, de deducir el préstamo del valor de la cosecha. Todas las mejoras de la calidad del café se han obtenido adquiriendo a crédito despulpadoras y unidades de fermentación que las familias campesinas no se podrían haber permitido de otro modo.

La mayoría de las cooperativas de "comercio justo" quieren diversificar los ingresos de los productores, especialmente transformando in situ la producción, lo que aporta un indiscutible valor añadido. La cooperativa CEPICAFE en Perú es un buen ejemplo. A partir de 1999, la cooperativa desarrolló un programa de apoyo a otros productos comerciales además del café. Se seleccionaron dos nuevos sectores de producción: el azúcar completo y la fruta transformada. La instalación de una agroindustria adaptada a la transformación de esta fruta en confitura constituyó para la cooperativa un verdadero reto. Sin embargo, esta transformación in situ produce un gran valor añadido que se queda en la cooperativa, ya que el 38 % del precio de venta al consumidor final le corresponde a la cooperativa.

La diversificación de los "productos de comercio justo" de CEPICAFE es a largo plazo, una garantía de estabilidad que desbarata los riesgos de los mercados fluctuantes, como pudo serlo el del café.

 

Consecuencias sociales

Las consecuencias sociales del "comercio justo" son visibles gracias al fortalecimiento de las organizaciones campesinas, que son las primeras beneficiarias. Con unos precios estables y remuneradores consiguen desarrollar servicios para los productores (crédito, asistencia técnica, etc.) y garantizar la formación de mujeres y hombres que sin las cooperativas se encontrarían aislados y desprotegidos. Todas las organizaciones vinculadas al "comercio justo" contratan a monitores o técnicos. Realizan un trabajo largo y difícil que brinda la posibilidad a los productores de ocuparse ellos mismos de sus proyectos de desarrollo. Al preguntarles por el impacto del "comercio justo", la mayoría de los productores dicen que están orgullosos de haber conseguido exportar un producto o valorizar la producción. Para unos individuos marginalizados desde hace tiempo, la participación en las cooperativas vinculadas al "comercio justo" les permite recuperar la autoestima y volver a encontrar el orgullo de ser "agricultores".

Consecuencias sociales Cuando una organización de productores se integra en el sistema del "comercio justo" se compromete a impulsar una gestión transparente y a tomar las decisiones colectivas democráticamente. Elecciones periódicas, transmisión de la información financiera a todos los miembros y celebración de asambleas generales son algunas de las obligaciones aceptadas por las cooperativas. Reconocidas y legitimadas, estas  cooperativas se convierten así en interlocutoras respetadas por los poderes públicos locales.

Las organizaciones campesinas que tienen una actividad económica en desarrollo y que exportan directamente su producción tienen mucho más peso que el resto en el debate con las autoridades locales y pueden incluso llegar a ser una fuerza con propuestas. Asimismo, mejoran la capacidad de negociación con los organismos del Estado.

El "comercio justo" apoya a las organizaciones campesinas en su acción para mejorar la situación económica pero también respalda los esfuerzos para preservar los vínculos sociales o valorizar la herencia cultural propia de una región. Estas organizaciones ya han aprendido a defender eficazmente los derechos de los agricultores. La cooperativa JAMBI KIWA de Ecuador, por ejemplo, nació de la determinación de las mujeres indias para preservar y valorizar las prácticas ancestrales de la medicina tradicional que utiliza plantas. Cultivando y transformando in situ plantas aromáticas y medicinales, se incrementan los ingresos, se restablecen las tradiciones y se recupera una posición social que les aporta un cierto reconocimiento. Otro efecto positivo indirecto de su actividad: una notable disminución del éxodo de los jóvenes en la región inmediata.

 

Consecuencias medioambientales

El "comercio justo" contribuye a su manera en la protección del medio ambiente. En efecto, los productores se comprometen  a respetar un conjunto de reglas y criterios determinados para cada sector y cada producto. Ahora bien, los pliegos de condiciones previstos prohíben expresamente la utilización de productos químicos que se consideren nocivos y limitan razonablemente el uso de los insumos agrícolas. Incluso cuando se trata de producciones que no llevan el sello "ecológico". Estas restricciones afectan poco a la producción campesina de café o cacao, que son cultivos agroforestales para los cuales los productores no utilizan  insumos químicos habitualmente. En cambio, son restricciones totalmente pertinentes para la producción de fruta que se exporta, frecuentemente tratada químicamente incluso en la producción campesina tradicional. Por ejemplo, la asociación de productores de plátanos El Guabo en Ecuador, se ha comprometido a utilizar solo productos químicos autorizados y a rechazar todos los insecticidas. Al pie de las montañas, donde la densidad de los platanares es menor, se cultivan plátanos ecológicos sin utilizar productos químicos.

Consecuencias medioambientales Durante las dos últimas décadas, las cooperativas vinculadas al "comercio justo" han incitado a sus miembros a utilizar modos de producción que conserven la fertilidad de los suelos y protejan los espacios cubiertos por bosques naturales. Por ejemplo, la cooperativa de productores de café Oro Verde ha obtenido resultados muy interesantes. Les caficultores dedican hoy más tiempo a cuidar las plantaciones. De este modo, conservan la cubierta vegetal y la fertilidad natural del suelo, hecho que evita tener que abandonar la parcela tras varios años de explotación y sobretodo, permite conquistar nuevas parcelas gracias a la roturación y la quema de zonas forestales. Acceder a precios estables y remuneradores, actualmente está más que probado, es el argumento determinante que puede convencer a un productor para cambiar el modo de cultivo ancestral.

La crisis económica de la agricultura campesina tiene como consecuencia una crisis de la fertilidad de los suelos. En Ecuador, en el Chimborazo, donde antaño una familia disponía de 20 ó 30 hectáreas de tierras de montaña, las familias hoy en día, más numerosas, sobreviven con menos de 1 ó 2 hectáreas. El resultado es una  gran precariedad y un éxodo rural que incrementará aún más  la  degradación del medio ambiente. Una comercialización de la quinua más rentable ha permitido que la asociación de productores de quinua COPROBICH devuelva a los suelos una fertilidad perdida.  La rotación de cultivos, la protección de los suelos frente a la erosión y la mejor utilización del estiércol del ganado han mejorado en pocos años las condiciones de vida y de cultivo.

El "comercio justo" aspira a valorizar las producciones de una agricultura campesina  no estandardizada, dicho de otro modo pretende privilegiar unas variedades locales propias de una tierra o que tienen un origen especial. Contrariamente a la agricultura industrial, alejada de cualquier visión a largo plazo debido a los desafíos de la rentabilidad máxima, la agricultura campesina mantiene una biodiversidad vegetal y animal que sí protege a la naturaleza a largo plazo al preservar su capacidad de renovación. El ejemplo de Laos es especialmente interesante. Desarrolladas gracias al "comercio justo", las Agrupaciones de comunidades campesinas del norte y el sur de Laos han permitido descubrir la sorprendente biodiversidad vegetal, hasta ahora casi desconocida,  de este país.

El conocimiento y el saber hacer agrícola, resultados de milenios de experiencia, se han ido transmitiendo hasta nuestros días en la sociedad rural laosiana. Se han conservado y enriquecido diferentes variedades de plantas excepcionalmente numerosas que se pueden cultivar en otros lugares. El "comercio justo" ha proporcionado a las organizaciones campesinas la posibilidad de mantener sus modos de producción que respetan el medio ambiente y les ha ayudado a desarrollar nuevos sectores ecológicos y de comercio justo.

 
 
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